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LA PROPIOCEPCIÓN

 

La propiocepción es la capacidad de nuestro cuerpo de ubicar la posición de las articulaciones en todo momento. Es la capacidad que tenemos de conocer nuestra postura con los ojos cerrados.

Las dos cualidades que definen una buena propiocepción son: que sea ajustada (ser conscientes de las variaciones más finas de la posición) y que sea rápida.

¿Por qué una mala propiocepción genera lesiones?

La propiocepción actúa como mecanismo de defensa ante movimientos que puedan lesionar una articulación. Si no es correcta (es lenta o desproporcionada) o no actúa con la rapidez suficiente, es el movimiento de protección el que nos puede lesionar.

Un ejemplo: Cuando estamos corriendo, nuestro tobillo absorbe las irregularidades del terreno. Si pisamos un bordillo, la propiocepción entra en juego. Si es demasiado lenta, el lado externo del tobillo toca el suelo y nos distiende los ligamentos. Si es desproporcionada, el gesto de protección que nos genera, puede provocar una contractura muscular.

Una de las lesiones más frecuentes en el ámbito deportivo es la lesión de tobillo, con su consecuente riesgo añadido de que sean lesiones que se repiten en el tiempo. La causa de que el riesgo aumente es la llamada capacidad propioceptiva.

La capacidad propioceptiva es el saber pisar de forma adecuada en cualquier superficie sin aumentar el consumo de energía y sin que se produzcan lesiones. De hecho, esta capacidad es muy importante y marca diferencias entre los deportistas.

El sistema propioceptivo se compone de diversos receptores y gracias a ellos se detecta la tensión muscular, su grado y el estiramiento muscular desarrollado.

En el entrenamiento propioceptivo se trabajan sobre todo dos aspectos fundamentales: la coordinación y la fuerza. Estos dos aspectos presentan tres niveles: intermuscular, intramuscular y procesos reflejos. La meta a alcanzar es la capacidad de poder prevenir situaciones imprevistas que ofrecen un riesgo de lesión.

Toda esa información recogida se envía al cerebro que se encarga de procesarla y enviar la orden pertinente a los músculos para que actúen en consecuencia realizando los ajustes de tensión o estiramiento muscular. El resultado será el movimiento deseado.

Existen técnicas fisioterápicas que consiguen reducir hasta un 90% la posibilidad de volver a sufrir una lesión en una zona que anteriormente ya ha sido dañada (como por ejemplo un esguince de tobillo), y de rehabilitar la zona con mayor efectividad. La técnica en cuestión se denomina “Entrenamiento propioceptivo” y se ha constatado a través de estudios que esespecialmente eficaz.

Este tipo de técnicas se aplican para todas las lesiones, recuperando con mayor efectividad la zona afectada y reduciendo mucho las lesiones de repetición.

Los trabajos de propiocepción son llevados a cabo por los fisioterapeutas, quienes en su práctica diaria, enseñan ejercicios encaminados a poner en funcionamiento los receptores y mejorar con ello la lesión. Son ejercicios de equilibrio, con elásticos, colchonetas, pelotas y con una serie de tablas diseñadas con el fin de restablecer las cualidades perdidas.

 

 

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